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El estrés excesivo hace que las células inmunes sean hiperactivas

salud El estrés excesivo hace que las células inmunes sean hiperactivas

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Los investigadores han demostrado que el estrés intenso y regular modifica la expresión de los genes presentes en los glóbulos blancos. Estas células modificadas están sujetas a respuestas inmunes excesivas que pueden conducir a la inflamación.

Demasiado estrés es malo para su salud. Este estudio muestra que actúa directamente sobre la expresión de genes y el funcionamiento de las células. © patriziasoliani, Flickr, cc por NC 2.0

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En pequeñas dosis, el estrés es beneficioso y proporciona la energía necesaria para que los organismos hagan frente a las dificultades diarias. Sin embargo, si los problemas duran demasiado tiempo, el estrés se vuelve dañino. Puede actuar sobre el sistema nervioso que controla una gran cantidad de actividades inconscientes, como la arritmia cardíaca y la contracción del músculo liso. Según un estudio reciente, las personas que están demasiado ansiosas tienen al menos el doble de probabilidades de sufrir ataques cardíacos. Sin embargo, los mecanismos por los cuales el estrés impacta en la salud siguen siendo misteriosos.

Investigadores de la Universidad Estatal de Ohio han estado interesados ​​en el efecto crónico del sistema inmune. Sus resultados, publicados en la revista Pnas, muestran que actúa directamente sobre la expresión de los antígenos de los glóbulos blancos y conduce a reacciones de defensa exacerbadas. Esta inmunidad puede aumentar el riesgo de problemas cardiovasculares, obesidad y diabetes.

El estrés no tiene que ser usted, de lo contrario mata. Las personas ansiosas que temen las consecuencias en su salud no están equivocadas: tienen al menos el doble de posibilidades de tener un ataque cardíaco. © Marsmet549, Flickr, cc por NC 2.0

Cuatro veces más glóbulos blancos en ratones estresados

Para este estudio, los investigadores analizaron el efecto del estrés en el ratón, utilizando un modelo de comportamiento bien establecido. Primero, se introdujeron varios machos en una jaula para que se construya una jerarquía. Los autores colocaron a otro hombre agresivo en esta comunidad durante dos horas. Repitieron esta operación varias veces, y así crearon estrés en los roedores. "Al final del experimento, los ratones se encontraban en un estado de estrés crónico", dice John Sheridan, el director de este estudio.

Los ratones Lamella oseusedes producen miles de millones de glóbulos rojos y blancos todos los días. Resultados previos han demostrado que, en caso de estrés, este fenómeno es parcial y que los glóbulos blancos son más activos de lo esperado. En otras palabras, las células inmunes estresadas son demasiado productivas y pueden dañar los tejidos corporales sanos.

Para comprender el fenómeno, los investigadores primero compararon el número de glóbulos blancos presentes en ratones normales con el de roedores estresados. Sus resultados son sin apelación: el estrés multiplica por cuatro el número de células inmunes en la sangre y la laten.

En ratones como en humanos, inmunidad al estrés repentino

En un segundo paso, los autores analizaron y compararon la expresión de los genes de los glóbulos blancos en ambos tipos de ratones. Luego encontraron en los animales angustiados 3.000 genes expresados ​​de forma diferente, una gran parte de los cuales está involucrado en reacciones inflamatorias. Estos resultados demuestran que las células inmunitarias de los roedores estresados ​​poseen una amenidad genética favorable a la inflamación. "Estudios previos han demostrado un vínculo entre el estrés y la inflamación, y nuestro trabajo confirma esta asociación a nivel genético", dice el investigador.

Finalmente, los científicos realizaron pruebas en humanos. Analizaron muestras de sangre de personas con un estatus socioeconómico considerado más o menos estresante. Luego identificaron 387 genes con diferentes expresiones según el nivel de ansiedad. Casi un tercio de estos genes fueron idénticos a los encontrados en el análisis en ratones estresados. "Esta experiencia muestra que, en términos de respuesta al estrés, el ratón y los humanos no son tan diferentes", concluye el científico.

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